Deuda Perpetua: Concepto y uso

La deuda perpetua se define como aquella que no tiene fecha de vencimiento, ni tampoco obligación de devolución.

Sin embargo, mientras la deuda perpetua no se devuelva, los emisores tienen el derecho de solicitar unos intereses.

Además, el interés en estos casos suele ser más alto que en otro tipo de préstamos, ya que el riesgo para el acreedor siempre es más alto.

Uso de la deuda perpetua

El uso de la deuda perpetua está normalmente protagonizado por Estados. Ya sea para cubrir deudas existentes o bien para inversiones que requieren una gran liquidez, las administraciones públicas aprovechan esta opción, para obtener crédito de forma rápida.

Precisamente son también los Estados los que pueden emitir la deuda casi perpetua. Es aquella establecida con un largo periodo de devolución, por ejemplo bonos estatales que están emitidos hasta 100 años.

Otro uso de la deuda perpetua bastante común es por parte de las grandes empresas, aunque el objetivo no es diferente. También se trata de un recurso válido para obtener una gran liquidez.

¿Cómo funciona la deuda perpetua?

La deuda perpetua se basa en una rentabilidad por intereses. Si las inversiones de esa deuda obtienen beneficios, los acreedores recibirán constantemente intereses por la misma, hasta que algún día se proceda a su devolución.

Obviamente el riesgo existe y, de hecho, es bastante alto. Así que siempre existe la posibilidad de que una empresa entre en concurso de acreedores o que se atenga a la Ley de Segunda Oportunidad para la cancelación o reducción de deudas.

Ventajas y desventajas de la deuda perpetua

La deuda perpetua tiene sus ventajas y sus desventajas. En el lado a favor de este tipo de créditos, el emisor puede elegir cuándo devolver el dinero, una extraordinaria ventaja que en muchos casos puede ser realmente beneficiosa.

Si la inversión no funciona y no se genera rentabilidad, en realidad la cantidad a pagar se reduce considerablemente.

Por descontado, para los acreedores la principal ventaja es la posibilidad de obtener intereses de forma indefinida por un mismo crédito.

Además, si la inversión sí que sale rentable, entonces no solo habremos obtenido intereses, sino que podemos recibir la devolución íntegra de la cantidad adeudada.

En cuanto a las desventajas, está claro que el interés es el componente protagonista. Como emisor se va a tener que afrontar un tipo de interés considerablemente más alto que en ninguna otra deuda.

Además, estamos hablando de una forma de endeudamiento no apta para todo el mundo. Por ese motivo solo los Estados y las grandes compañías pueden asumir la deuda perpetua en sus operaciones.

Los acreedores también tienen sus desventajas. Obviamente el factor de riesgo es altísimo. No existe una garantía de devolución ni tampoco fecha concreta de la misma.

Los acreedores de deuda perpetua son los penúltimos en poder reclamar sus derechos, solo antes que los accionistas. Por lo que igualmente sus posibilidades a la hora de solicitar la devolución cuando una inversión no ha ido como se esperaba, son bastante menores que en otro tipo de créditos.